Las palabras solo sirven para mortificar a los vivos.
Dichoso yo, cuando fue digno de sangrar.
Se acabó el juego.
Las palabras fueron mis amantes despiadadas pero leales.
Se supieron engarzar entre versos, entre pesados sueños.
Me amaron, quizás, con su estilo entreabierto.
El lenguaje me abandona por última y primera vez.
No puedo despedirlo, no tengo con que.
Soy un silencio que no espera, que no pausa, que no quiebra.
Soy silencio del silencio. Soy ayer.
Las palabras son un lujo que nos cala el cuerpo.
Un margen en el borde del reloj donde anotar notas de voz.
Se acabó el tiempo.
No supe, no pude, no quise, no sé.
No importa ni cuando ni porque.
Dejo en herencia un niño muerto en las entrañas de la verdad
Dejo un pedazo viscoso de soledad.
Y la sombra de una fortuna que no para de callar.
Cecilia Muñoz Cancela
Uruguay
Con este poema participo en el tercer Concurso de Poesía de Heptagrama
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